Huevo o la gallina

El huevo y la gallina del lenguaje audiovisual

En muchas ocasiones he leído que Quentin Tarantino compone las escenas de sus películas (incluso desde la escritura del guión) teniendo ya en mente las canciones con las que va a acompañarlas. Se las imagina con un determinado ritmo y tono, en base a las propias sensaciones que le inspira la música. No es ninguna tontería y representa un dilema similar al del huevo y la gallina, ¿qué debe ir antes? ¿La elección de la música o el trabajo de montaje (e incluso del propio rodaje) de una escena? ¿Es al revés? ¿El montaje siempre debe condicionar la música a elegir? ¿Debe incluso venir con el propio guión como hace Tarantino? ¿La música es el último eslabón? ¿Cómo funciona mejor?

“Me gusta imaginarme una escena desde la perspectiva del espectador sentado en la sala de cine, y hay canciones que permiten cerrar mis ojos e imaginar las tomas”

Quentin Tarantino

Aunque, como en todo, no exista una fórmula mágica (perdería la “gracia”) es cierto que hay escenas de la historia del cine que sin duda no habrían quedado en el recuerdo de no ser por el tema musical que las acompaña (o incluso las inspiró, marcando totalmente el ritmo). ¿Alguien se imagina las cuchilladas de “Psicosis” sin el tema mítico de Bernard Herrmann? ¿La escena de tortura de “Reservoir Dogs” sin el tema “Stuck In The Middle With You”?. En todas ellas, ¿quién marcó la esencia y ritmo de las escena?.

“Stuck In The Middle With You” sonando a todo trapo.

Aquí, un servidor, decidió hacer un experimento con su humilde proyecto “Ven a ver mundo, Ven a León”. Un vídeo sin ninguna pretensión que, después de pocos días, tiene cerca de 25.000 visitas y sobre el que cuento a continuación mi experiencia a la hora de elegir la música primero, como base de todo el montaje del vídeo.

La música nos “regala” el ritmo del vídeo

Cualquier profesional audiovisual que se tercie, sabe que en un vídeo promocional construido en base a diversas piezas de video (como era la intención de “Ven a ver mundo, Ven a León”) no puede ser concebido sin un tema musical base, sobre el que realizar los cortes y/o transiciones, buscando la empatía con el espectador. Y así fue en mi caso con el vídeo: sabía que el “tempo” del tema musical elegido, “Intro” del grupo folk-rock “Mortal Tides” (disco “Light in, Light Out”) que amablemente me cedieron para este pequeño proyecto, sería mi referencia temporal para realizar los cortes de imágenes y, en general, para marcar el ritmo durante el montaje de la pieza.

“Mortal tides” soberbios sobre un escenario y soberbios en generosidad.

Lo que no tenía tan claro, es en qué momento del vídeo debería estar el climax o el momento ideal para abrumar con la mayor cantidad de lugares a imágenes que mostrar, y fue la propia música quien me dio la respuesta: hacia la segunda mitad del tema, el ritmo cambia con un toque de percusión mucho más frecuente que durante el resto del tema, así que ahí se me mostró la “luz”: debía aprovechar ese cambio de dinámica, para “echar el resto” e introducir una secuencia de imágenes al ritmo de los golpes de percusión, lo que dota al vídeo de un dinamismo mucho mayor que si hubiera sido ajeno a la propia música. La canción me “regaló” el momento en el que entrar en acción que estaba buscando.

De todo este experimento, viendo el resultado final, extraigo las siguientes conclusiones:

  1. En vídeos de esta naturaleza (con muchos fragmentos cortos de vídeo), es muy recomendable (sino imprescindible) elegir primero el tema musical y sobre él trabajar. Incluso que el propio tema “inspire” los momentos clímax o de mayor intensidad.
  2. La música potencia la sensación final y empatía del espectador, si está perfectamente alineada y empastada con las imágenes. Un corte o transición fuera del segundo musical adecuado, puede arruinar un vídeo (me pasaba cuando no encajaban las piezas del puzzle durante el montaje).
  3. En el caso de tener que utilizar una música sobre un montaje ya realizado (mal asunto) o incluso un vídeo sin cortes, siempre será mejor optar por músicas más lineales, sin un ritmo muy marcado y sin mucha percusión, que no condicionen el visionado de la secuencia de imágenes y produzcan el anti-climax mencionado en el punto anterior.

En el caso “Ven a ver mundo, ven a León” creo sinceramente que el vídeo no tendría la fuerza que tiene, si no hubiera partido del tema musical primero (fundamental la cesión de “Mortal Tides”) y sobre él hubiera trabajado todo lo demás (tanto montaje de imágenes, como voz en off). ¿Opiniones? ¿Valoraciones? ¡Bienvenidos comentarios!

Dejo por aquí el vídeo final: